La noche se acerca

La noche se acerca con voz quejumbrosa.
Hay una luz que asoma
por entre los árboles de otoño
—cargados de rubores y ocres tímidos—.

Eres tú mi fantasma, extrañeza,
que te vas anunciando por la senda
de una oscuridad prolongada.

Tu ropaje de plata brilla
a lo lejos, e ilumina apenas
las palabras que no se formaron,
nunca, en mi pensamiento.

No deja de llover

No deja de llover y la vida se moja como un papel. Si no lo manipulo demasiado, puede ser que se seque si llegar a estropearlo. Quedará rizado, una superficie rizada, ondulada, pero seca…

Y yo me mantengo con el papel en la mano, con el bolígrafo empuñando, sobre la superficie seca y ondulada.

Un mar de agonía contenido en la humedad que se oculta bajo su celulosa.

Pasó hace mucho tiempo.
El parque con sus figurantes.
Las hojas doradas despidiéndose de su verde.
Los paseos, extraños y ajenos a la vida.

Qué días asoman


Qué días asoman a mis pestañas.
Laxitud de minutos a ciegas,
a solas en mi burbuja de plata

Qué pueden contar mis manos
ahora que todo queda atrás
abandonado en la orilla de un recuerdo.

Algo poético se hace hueco en mi cabeza
aunque no sepa darle orden.
Estoy apagando la vela del pasado.

Siempre en un instante agazapado,
no sé qué soy después de mi palabra
cuando mi palabra calla y por fin duerme.

¿Crees que eres?

¿Crees que eres el único que sientes? Estás totalmente equivocado.


Es agradable leer algo que dejé escrito hace un tiempo, como parte de una entrada, y descubrirlo. Es agradable desapegarme de recuerdo y del hecho de no sentir una necesidad como la que tuve una vez, de escribir y de dibujar o pintar, como una compulsión, como si fuera una obligación sin la cual mi existencia no tenía mucho sentido. Así como con cualquier otra cosa que hiciera por hábito.

La pregunta que me hice, o que le hice a una segunda persona hace un tiempo «¿Crees que eres el único que sientes?» cayó por suerte en el borrador de esta entrada. Ahora que la descubro de nuevo, no me ofrece el mismo sentido que entonces, eso es seguro, pero la dejo ahí formulada para cuando vuelva a descubrirla, esta vez rescatada de su formato de borrador.

Invenciones en acrílico

©2022

Después de las anteriores acuarelas, me enfango en el acrílico, aunque sin una clara intención. Sigo creyendo que debo sentirme bien mientras lo hago o si no, lo dejo. De modo que me dejo llevar por los trazos y me salen plantas o flores inventadas. Lo normal es que lo haya inspirado algo que ya he visto.

Con los colores sobrantes del anterior dibujo hago este en un formato muy pequeño.

Me parece que algo asoma en el caos de color.

La quinquefolia que veo desde la ventana, trepando por encima de las arizónicas, me inspira a través de su color de otoño. Color vino, color burdeos.

Flor inventada.

Acrílico en formato muy pequeño.

Acuarelas

©2022

Después de unas semanas sin pintar, me decido a retomarlo con la acuarela. Este es un medio cómodo que me permite acercarme a la pintura de nuevo sin pringarme. La acuarela es agradable porque su base es el agua y el pigmento solo. Sin necesidad de dibujar antes, puedo inventarme una forma, lo que sea que sugiere la expansión del agua y la mezcla del color. Intento no pensar cuando lo hago. Después de estas semanas de descanso de los materiales, pinceles o lápices, o de la intención de hacer algo casi por rutina, veo que quiero sentirlo como terapia. Si no es terapia, lo dejo. Esto es, si no me produce bien, lo dejo.